La empatía y el respeto se aprenden caminando junto a un perro

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9 julio, 2026
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La empatía y el respeto se aprenden caminando junto a un perro

Hay lecciones que no se aprenden en un aula, sino en el ritmo pausado de un paseo o en el instante en que uno comprende que el miedo puede esconderse tras unos ojos que buscan confiar.

Bajo el lema Tú y Yo Somos Iguales, un grupo de jóvenes del municipio, acompañado por la concejal de Bienestar Animal del Ayuntamiento de Santa Brígida, María Sánchez-Fernaud, participó esta mañana en una actividad desarrollada en la Finca del Galeón con perros del Centro de Protección Animal Municipal (CPA), una experiencia concebida para enseñar a respetar la fragilidad, comprender el sufrimiento ajeno y asumir el compromiso de que cuidar de quienes dependen de nosotros es, en definitiva, otra manera de construir una sociedad más solidaria, consciente y humana.

Lejos de plantearse como un simple paseo con perros, la iniciativa, organizada por las concejalía de Juventud y Bienestar Animal, buscó acercar a los participantes a una realidad muchas veces invisible: el abandono, el maltrato y el largo proceso de recuperación que afrontan los animales antes de volver a confiar en las personas.

La actividad arrancó a las 10:30 horas en el Espacio Joven Municipal con una charla de sensibilización impartida por el equipo del CPA y Gesplan, donde los jóvenes conocieron el funcionamiento del servicio, las distintas circunstancias por las que un animal puede acabar en el centro (desde pérdidas hasta abandonos o cesiones) y algunas de las herramientas que emplea el Ayuntamiento para garantizar el bienestar animal.

El espejo del miedo

Antes de iniciar el recorrido, los participantes recibieron una de las enseñanzas que marcaría toda la experiencia: el respeto. Con esa premisa comenzaron a descubrir que el lenguaje de los perros se expresa mucho antes que los ladridos. Aprendieron a no invadir espacios y a interpretar el significado de una cola, unas orejas o una postura corporal, compartiendo camino con Pollo, un podenco, y Oso, un labrador, además de Arco, un perro recientemente adoptado que representaba el lado más esperanzador de la historia: el de las segundas oportunidades.

También hubo espacio para observar el comportamiento de ejemplares como Laya o Teo. Ambos sirvieron para mostrar cómo el miedo puede condicionar la conducta de un animal que ha sufrido experiencias traumáticas y para transmitir una idea que acompañó toda la actividad: un perro con miedo no es un perro malo; simplemente necesita tiempo, comprensión y respeto.

La caminata hizo una pausa en el Molino del Galeón, donde los jóvenes recuperaron fuerzas durante un pequeño picnic, y los perros se hidrataron. Y como recuerdo de una mañana difícil de olvidar, cada joven recibió un diploma que acreditaba su participación en esta maravillosa acción de sensibilización.

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