Según la tradición oral, salir sin el cuchillo canario colgado del calzón era como ir desnudo. Durante siglos fue una herramienta omnipresente en el trabajo del campo grancanario; hoy, con el paso del tiempo, ha dejado de ser un objeto cotidiano para convertirse en una auténtica pieza de orfebrería y en uno de los símbolos identitarios más reconocibles de la isla.
En Santa Brígida, la continuidad de esta tradición depende de un único guardián, el joven satauteño Juan Francisco Rodríguez Hernández, que recibirá próximamente su ya concedido carné oficial de artesano por la Fundación para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía Canaria (FEDAC), organismo dependiente del Cabildo de Gran Canaria.

Su trabajo como cuchillero y forjador no tiene solo un valor funcional. “Es oficializar algo que empezó como un hobby”, explica este estudiante de Ingeniería en Diseño Industrial y Desarrollo de Productos en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
Todo comenzó el día en que encontró, en casa de su abuela, el cuchillo canario que había pertenecido a su abuelo. “Ahí brotó mi curiosidad por uno de los símbolos que trascienden lo utilitario”, rememora este joven artesano procedente del barrio de Los Olivos que no desciende de familia de herreros. “Sin embargo, de cada maestro cuchillero con el que he contactado he aprendido algo, siendo mi principal referente Manuel Gil, maestro cuchillero de Cueva Grande, en San Mateo”, subraya.

En su taller, Juan Francisco fabrica la hoja de acero mediante proceso de forja y monta el cabo (el mango), elaborado con anillas de cuerno o hueso en las que embute metales como el latón, plata, níquel, cobre e incluso oro, entre otros, para, a continuación, ensamblar los cabos mediante procesos tradicionales, y es la habilidad artesanal la que convierte cada pieza en una piedra angular del acervo etnográfico grancanario.
“Durante años, estos oficios tradicionales llegaron a encontrarse al borde de la extinción, la importación de artículos producidos en masa y con menor coste para el consumidor protagonizaron una crisis que los dejó casi sin mercado”, indica el joven. “Actualmente el oficio de cuchillero disfruta de una etapa dorada, con un buen número de artesanos que fomentan la innovación sin olvidar la tradicionalidad atada a este objeto, aunque algunos conocimientos del oficio se han ido desvaneciendo». Sin embargo, “la herrería no goza de buena salud, siendo cada vez más escasos los maestros que dominan este arte de raíces milenarias”, advierte.

En la isla hay algo más de una quincena de artesanos cuchilleros inscritos oficialmente en la FEDAC. «Además de algunos más muy experimentados que no están registrados”, incide. “Hay artesanos cuchilleros en numerosos municipios de la isla. Sin embargo, Guía y Telde son considerados el núcleo histórico del cuchillo canario, donde sigue prosperando el oficio”. En contraste, “en las medianías el oficio ha desaparecido casi por completo”, indica.
No en vano, la Federación Canaria de Municipios y el Gobierno de Canarias han incluido recientemente la cuchillería en el repertorio oficial de oficios artesanales en riesgo de desaparición. El Decreto 84/2025 reconoce formalmente la cuchillería como oficio protegido y exige a sus practicantes la obtención de un carné oficial, la inscripción en el Registro de Artesanía y el cumplimiento de estándares de calidad. Una regulación que busca revitalizar el sector y dotarlo de mayor visibilidad y apoyo institucional.

La concejal de Patrimonio Histórico y Cultural, Avelina Fernández Manrique de Lara, ha señalado que “el caso de este cuchillero es un ejemplo de cómo, en la actualidad, se dan la mano la formación universitaria o profesional con la más ancestral de las tradiciones. Esta integración es la que necesitamos para garantizar la continuidad de nuestra cultura y de nuestra comunidad como seres humanos. Desde la administración local no podemos sino apoyar estos entrelazamientos, que se dan no solo en nuestro municipio, sino en toda la medianía”.
En este contexto, la obtención del carné profesional por parte de un artesano joven adquiere un fuerte valor simbólico: representa el relevo generacional y el rescate de un patrimonio en riesgo. En Santa Brígida, la continuidad de este legado descansa hoy en el trabajo silencioso y constante de este estudiante de ingeniería, una esperanza real para que el cuchillo canario siga formando parte del paisaje histórico y cultural de la isla.




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