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La cruz de los navegantes ( San Mateo)

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Wednesday, 01 de April de 2009
En la montaña del Saucillo (San Mateo), a 1800 metros sobre el nivel del mar, se alza una cruz en pago de una promesa hecha por unos náufragos

Muchas cruces se mantienen inhiestas y ennegrecidas, desafiando a los vientos y al paso del tiempo en lo alto de las montañas, en las degolladas y a la vera de los caminos. Cruces acogedoras que abrazan al caminante en sus travesías o que sirvieron de descanso a los cortejos fúnebres. Algunas quedaron inmortalizadas en topónimos por un hecho luctuoso, como el ejemplo de la Cruz de Pineda, en memoria del Alcalde Mayor y Coronel de las villas de Gáldar y Guía, Hernández de Pineda, muerto a manos del caballero hidalgo, Bernardino de Carvajal en marzo de 1556.

Otras se alzan sencillas en determinados puntos de las carreteras reflejando el profundo sentimiento de quienes algún día perdieron allí a un ser querido en un fatal accidente.Image O en un cruce de un camino, hecha en cantería de La Atalaya, en pago a una promesa por el feliz regreso de sus hijos de la guerra civil en aquel barrio de la Vega de Abajo. La toponimia de Gran Canaria aún recoge, por su parte, muchos puntos geográficos que indican la existencia de este símbolo santo del cristianismo, como la montañera Cruz del Roque Saucillo, donde se descubre unas de las visiones panorámicas más sorprendentes de Gran Canaria y que tratamos hoy en este trabajo de investigación.

La Montaña de la Cruz, en el Saucillo, se levanta cerca del roque del mismo nombre en la zona cumbrera, en los límites de la Vega de San Mateo, y desde su cima se puede divisar casi la mitad nordeste de la Isla. La tradición oral cuenta que unos náufragos gallegos colocaron allí, en tiempo inmemorial, una gran cruz de madera hecha con el mástil de un barco, que luego tomó el nombre de la Cruz del Navegante, como pago de una promesa que habían hecho en el transcurso de un temporal. Aquellos pescadores prometieron colocarla en la montaña más alta de la Isla, y aquel fue el punto más culminante que divisaron, situado a 1800 metros sobre el nivel del mar, el segundo más alto de la Isla después del Pico Las Nieves (1942). Aunque hoy la montaña se halla cubierta de pinos, y no se divisa, como en el pasado lo hacía, el roque era y es el punto más alto que se veía desde el mar, pues desde allí se otea toda la línea de costa y una gran superficie del océano, sin duda una atalaya de vigilancia de los antiguos canarios para prevenir las frecuentes incursiones de piratas.

Al respecto, El Liberal, “diario decimonónico político y de intereses generales”, señala en su edición del viernes 30 de mayo de 1884 lo siguiente: “La situación del Saucillo al borde oriental de la gran meseta central de la Isla, y su elevación de 1850 metros sobre el nivel del mar, hace que se le descubra especialmente por los barcos que entran en Las Palmas, y que desde su cima ofrezca una vista sorprendente al viajero que en él se coloque. Creemos que el Ayuntamiento de San Mateo debiera destinar una suma cabal para abrir un camino seguro hasta el Saucillo, pues no faltarían curiosos y viajeros, que en la buena estación treparan a su cima, y recorrieran la explanada donde se levanta, a cuyas inmediaciones se halla la famosa vista del cráter de Tirajana, desde la altura de Riscos Blancos, una de las más sorprendentes que en nuestra islas pueden encontrarse”.

ImageLos vestigios de aquella primitiva cruz permanecieron, alzados en el tiempo, en la parte más alta de aquella montaña, al menos hasta el último tercio del siglo XIX. A la altura de 1884 la primitiva cruz de madera debía estar deteriorada, pues ya la prensa de la época da cuenta de la intención de levantar otra nueva, de mayores dimensiones.

Para suplir a la primera cruz colocada por los marineros, toda Gran Canaria se congregó en la montaña del Saucillo el domingo 8 de junio de 1884 para colocar una nueva. Para entonces, el Ayuntamiento de la Vega de San Mateo, respaldado por el cura regente don Pedro Bertrana Masramón, natural de Barcelona, había solicitado que se autorizase colocar una gran cruz en lo alto de aquel roque, que ocupase el mismo sitio de la desaparecida Cruz de los Navegantes. La intención era fijarla solemnemente ese día, festividad de la Santísima Trinidad, y el citado matutino lo anunciaba con gran entusiasmo.

“Tenemos entendido que el domingo 8 de junio será colocada una gran cruz en el Pico del Saucillo, que se levanta en la Cumbre dominando las vegas de San Mateo, a cuyo término municipal pertenece. Para darle más solemnidad al acto, se celebrará una misa a pie de dicha Cruz, entre 10 y 11 de la mañana, que se espera tendrá muchos oyentes de todos los pueblos comarcanos. Parece que al llegar la peregrinación a la Cumbre predicarán en diversos puntos de ella los señores presbíteros don Francisco Vega, don Juan González y don Pedro Bertrana. Antes de la salida del pueblo de San Mateo habrá también un sermón que se halla a cargo del señor Canónigo don José Roca”, y hasta el rezo del Rosario. El Liberal recordaba a los lectores que desearan tomar parte de esta función, pero “sin la molestia del viaje” hasta la cumbre que con “un buen anteojo puede asistir a ella desde la plazuela de la Democracia y sitios colindantes”. Todos tenían la oportunidad de seguir la célebre fiesta.

ImageTambién el periódico católico Revista de Las Palmas se hizo eco de la noticia el 28 de mayo y dedicó una página al acontecimiento, pues se trataba de una noticia periodística extraordinaria, testimonio de los caminos que seguía entonces la devoción popular. El director de esta publicación, el canónigo don José Roca Ponsa, sería uno de los oradores propuestos para aquel evento. Su revista dejó claro algunos de los objetivos espirituales de aquel leño de santidad.

“El fin de esta solemnidad es rogar a Dios por la libertad del Romano Pontífice y por el progreso y pureza de la fe en Gran Canaria. Nos place en extremo este hermoso pensamiento, y felicitamos cordialmente a sus iniciadores. De este modo Gran Canaria estará bajo la protectora y saludable sombra del árbol de la Cruz; y los navegantes al ver desde el Océano la Sacrosanta enseña de nuestra Redención sobre la más alta cumbre de nuestras montañas, descubriéndose con respeto dirán: ¡He aquí una Isla cristiana!.”

En ese ambiente de fuerte sentimiento religioso se desenvolvían los grancanarios en general y los vecinos de la Vega de Arriba, en particular, pues en un pleno municipal del 18 de mayo, bajo la presidencia de su Alcalde, Francisco Navarro Navarro, acuerdan iniciar un expediente para la construcción de una nueva nave en la parroquia, de dimensiones similares e igual altura a la existente, dado la gran cantidad de feligreses que acudían a aquel templo. Y todo a pesar de que el tradicionalismo católico iba perdiendo fuerza en una parte de la sociedad con la irrupción del liberalismo, el protestantismo y la masonería, lo que hace que el cura regente de San Mateo, don Pedro Bertrana, que permaneció en la parroquia entre 1880 y 1888 -año en que emigró a Argentina-, lo denuncie públicamente en las misas que celebra cuando se enteró de que un vecino iba a instalar en el pueblo una logia masónica.

Image“No sabemos si por haber dicho el venerable cura regente de San Mateo en el panegírico del Dulce Nombre de Jesús, fiesta que con gran ostentación se celebra en aquel pueblo, que es empeño de la masonería, como enseña León XIII, borrar de todas partes el Santo nombre de Jesús, los librepensadores, instigados por algunos h.h. de ésta, tratan de formar su logia masónica con sus escuadras y mandiles. Dícese que el domingo próximo irá un h. de ésta, de un gr. muy adelantado, y que pasa como aficionado a la literatura, para instalar la consabida logia. Susúrrase también que un señor de San Mateo, muy conocido por su odio a la iglesia y a todo lo religioso, ha ofrecido su casa o salón para templo m. y que los niños tratan de masonizar a las niñas, fiando el éxito de su influencia y de la debilidad del sexo devoto.

Todo esto y más corre de boca en boca, y nosotros lo recogemos y consignamos para dar la voz de alerta a los católicos, y para declarar que hallamos ya una explicación a los sucesos escandalosos del 13 de septiembre que hablamos en números pasados. ¿De dónde, si no la masonería podría provenir la perturbación del culto católico en un pueblo tan honrado y piadoso como San Mateo?.

Al fin se van quitando las máscaras los impíos. Ahora lo que importa es que los buenos no se conviertan en sus cómplices por un temor ridículo y poco cristiano”, señalaba la Revista de Las Palmas, en su edición del 20 de enero de 1886.

Sin duda, son malos tiempos para la Iglesia, que protesta una y otra vez por la pérdida de los valores religiosos tradicionales y apunta hacia las nefastas consecuencias que engendraron la libertad de culto, de conciencia, de enseñanza o pensamiento surgida con la revolución de septiembre de 1868. Por tales motivos, la colocación de la Cruz en aquella montaña representaba algo más que el plantío de un leño, quizá un acto de contrición antes las ofensas del liberalismo y una forma de mostrar, en toda su plenitud, el gran fervor religioso de los canarios. Aquel acto también sirvió de apoyo al Papa León XIII, que con la caída de Roma en manos de los piamonteses del Rey Víctor Manuel, había perdido la mayor parte del Estado Pontificio y estaba recluido en el Vaticano. La mayor parte de los obispos hicieron causa común con el Papa voluntariamente recluido, tomando una postura defensiva y condenatoria, como se hizo resaltar en aquella peregrinación, contando para ello con el respaldo de las distintas parroquias de la Isla, las monjas bernardas y oradores llegados del Seminario Conciliar.

ImageLo cierto es que pocos fueron los feligreses que se quedaron en la ciudad, detrás de los anteojos, para ver aquel gran acontecimiento cristiano desde la plaza de Santa Ana, pues como se puede comprobar a través del examen de la prensa, unos diez mil peregrinos llegados de todos los puntos de Gran Canaria, junto a un enorme séquito de sacerdotes, formaban un imponente e impresionante espectáculo en lo más alto de la Isla.

Sólo un ligero contratiempo empañó aquella memorable romería al Roque Saucillo. Fue imposible dejar clavada la Cruz trasladada hasta allí a hombros, “porque al levantarse, a causa de su enorme peso, se rompió una de las cuerdas. Cuando se vio que era imposible, sin otros instrumentos que los que se podía disponer, levantar la Cruz, se dejó inclinada, para colocarla otro día, y se principió la Misa Mayor, con vestuario, que dijo el señor Juan González, y oficiaron los eclesiásticos y sochantres que se hallaban presentes”, señalaba la Revista de Las Palmas. Por tal motivo, la Cruz quedó allí inclinada esperando mejor ocasión. “Poco faltó para que el Santo madero al caer aplastase una docena de espectadores”, detallaba El Liberal. Fue fijada el domingo siguiente y a pesar de celebrarse sin la solemnidad debida, la cumbre refulgía insólita, al acudir unas seiscientas personas, según destaca la Revista de Las Palmas en un suelto del 18 de junio de 1884, que destacó que “el venerable cura de San Mateo, Pedro Bertrana, dirigió a la multitud entusiastas frases.¡Que esté siempre Gran Canaria bajo la augusta sombra de la Cruz”.

ImageEl acontecimiento tuvo una gran respuesta de todos los pueblos de la Isla, a pesar de que “se preparó con poco tiempo y no tuvo la organización de que era susceptible para que respondiera a su gran significación, bien puede asegurarse que superó las esperanzas de los más optimistas y dejó satisfechos a los más exigentes”, señalaría tres días después el canónigo José Roca Ponsa en su revista. Muy temprano, con la diana de los gallos, partieron en peregrinación los isleños hacia aquella cima.

“Al llegar los peregrinos de San Mateo al llano de la cumbre, alzaron un hermoso estandarte en una de cuyas caras estaba la Cruz con las insignias de la Pasión, y en la otra el retrato de León XIII con esta inscripción: ¡Viva León XIII. Papa Rey. Llevábalo el Vble. Sr. Cura regente mientras otro sacerdote empezó el Santo Rosario que se continuó en tanto se subía a lo más alto del Saucillo hasta dejar el pendón que ondeara allí a vista de toda Gran Canaria. Las montañas y sus faldas y el extenso llano estaban llenos de fieles, y no obstante faltaban aun algunos pueblos”. (….) No tardaron en vislumbrarse en los altos de los caminos, primero de una manera confusa, después con claridad cada vez mayor, estandartes, banderas y una gran multitud que los seguían. Eran los pueblos de Teror, San Bartolomé de Tirajana y Valleseco que llegaban más tarde por razón de mayor distancia”.

El espectáculo era sorprendente, según describe el canónigo José Roca. “Aquella multitud encaramada por la cumbre, en medio de flores que esparcían grato aroma, rodeando a los ministros del Santuario que celebraban al aire libre el incruento sacrificio; aquel silencio respetuoso y devoto interrumpido por los sagrados cánticos y por el sonido de las campanillas que mandaban al pueblo postrarse de hinojos ante la Majestad de Dios….Así concluyó, cerca de las cuatro de la tarde, este grandioso acto cuyo recuerdo jamás se borrará de la mente de los que concurrieron…(…) Concurrieron unas diez mil almas, y entre ellas veinte y dos eclesiásticos. Creemos que la concurrencia fue más numerosa que la de la célebre peregrinación a Teror el año 1877. No hubo el menor desorden, ni el más insignificante disgusto; prueba clara de la recta intención con que todos concurrieron a la Cumbre, de los profundos sentimientos católicos que les alentaban”.

Bendición papal y ermita

ImageLa peregrinación al Roque Saucillo fue todo un éxito a nivel insular y hasta el mismo Papa León XIII (1810-1903) dedicó a ésta su bendición apostólica, según el telegrama recibido en la ciudad por el Canónigo Lectoral de la Catedral, don José Roca y Ponsa. Éste, tras haber participado en la romería escribió a primera hora de aquel lunes al secretario de Estado del Vaticano, cardenal Jacobini, para demostrarle a Su Santidad el afecto que le profesaba el pueblo canario, buscando al mismo tiempo el amparo divino. Había sido una propuesta del presbítero don Juan González, cura ecónomo de San Francisco. La respuesta de la Santa Sede, fechada en Roma el 10 de junio de 1884 a las 15.40 horas y publicada en la Revista de Las Palmas dice textualmente: “El Padre Santo concede a los peregrinos, a sus familias y a toda la Diócesis la implorada bendición papal”.

Fue tanto el entusiasmo que despertó aquel acontecimiento piadoso que “espontáneamente brotó del ánimo de muchos la idea de construir allí una ermita y celebrar todos los años una peregrinación por el Papa. Se hicieron varios ofrecimientos de materiales, y creemos que el proyecto se llevará a cabo pronto. Lo celebraríamos, porque sería un monumento a la fe católica del pueblo canario”. Sin embargo, el pequeño oratorio tardaría en construirse al menos ocho años, pues en un suelto aparecido en el periódico El Liberal, el sábado 28 de mayo de 1892, se dice lo siguiente:

“Los vecinos del pago de la Cruz del Saucillo, jurisdicción del pueblo de San Mateo, tienen el laudable propósito de edificar una ermita en el indicado sitio, a fin de que las numerosas personas que allí concurren anualmente los días de la Cruz y San Pedro a cumplir sus promesas, puedan oír el Santo Sacrificio de la Misa. También preparan para el día 29 de junio próximos varios festejos amenizados por la banda de la misma del referido pueblo, y una solemne función religiosa en la que predicará el venerable cura párroco de la villa de Gáldar, el Lcdo. Don José Romero”.

De aquella humilde capilla de piedra alzada en la montaña quedan hoy sólo algunas paredes derrumbadas, escondidas entre las matas de olorosas retamas cumbreras de flores amarillas. Lo que no hay duda es que a partir de 1885 se intensificaron las peregrinaciones hasta la Cruz. La nueva sociedad católica de obreros de la Vega de San Mateo -creada en aquella época- organizó una nueva peregrinación, aprovechando el día de San Pedro y San Pablo (29 de junio) de 1886, contando para ello con la participación de siete sacerdotes de distintos pueblos. A partir de entonces, cada año, el día de San Pedro, la gente acudía en romería hasta allí desde todas las partes de la isla, algunos a pie, otros a caballo, en mula o en burro, para pagar sus promesas o demostrar su devoción a la Cruz.

Un fervor religioso que llamó la atención de la prensa extranjera, como el semanario The Canary Island Review, editado en Las Palmas por la colonia inglesa en 1903. “Algunas mujeres, incluso, subían de rodillas los últimos metros para dar gracias por la recuperación de una enfermedad de su marido o su hijo. Unos 200 pies más abajo, donde el suelo está más llano, hay decenas de improvisadas tiendas de campañas hechas de tela y sujetas con cañas y, cuando acaba la misa y la gente ha terminado con sus rezos, el resto del día se dedica a la diversión. Los muchachos y las muchachas del país cantan y bailan a mediodía sin que les preocupe el sol de julio, mientras hasta los helechos languidecen con un calor que te chamusca la mano si la pones sobre una piedra”.

A la altura de 1919 la cruz de madera colocada en 1884 cayó deshecha por el paso del tiempo que no respetó a este símbolo religioso. Seguramente es la que hoy se halla en el suelo junto a la actual obra de fábrica, colocada ese año y, según recoge el diario católico El Defensor de Canaria, costeada por los ingleses que realizaban explotaciones de agua en el término municipal de la Vega de San Mateo. El citado mecenazgo nos lo confirma el secretario del Ayuntamiento de la Vega de San Mateo, Antonio Dionisio Jiménez Almeida, quien en una carta fechada el 23 de junio de 1920 y dirigida al Obispo manifiesta estar “encargado de la compañía explotadora de las aguas de abasto público de Las Palmas para verificar una función religiosa en la montaña del Saucillo con motivo de la restauración de la Cruz, implantada en la cúspide de dicha montaña”.

En los felices años veinte aunque, sin el esplendor de antaño, continuaron congregándose gentes ante la Cruz de los Navegantes, abrazando con sus brazos de madera a los cientos de peregrinos que se acercaban hasta su cima. Hoy día la Cruz de los Navegantes es uno de los hitos más interesantes del rico patrimonio etnográfico de la Vega de San Mateo y de toda Gran Canaria, un referente de que la fe mueve montaña.

Fiesta de la cruz

ImageLa Cruz del Saucillo fue protagonista, cada tres de mayo, de la celebración de una tradición cristiana muy arraigada en el alma popular de las islas: el Día de la Cruz. En la Vega de San Mateo constituía toda una fiesta y un rito que empezaba la víspera con la enramada de una pequeña cruz, en la puerta de cada casa, o en los balcones, y que continuaba con las cruces mayores de caminos y de la montañera Cruz del Saucillo. Hasta allí acudían grupos de piadosos vecinos de distintos lugares y caseríos que recolectaban retama amarilla o blanca, ramas de olivos, lentisco o de otro oloroso arbusto, así como flores de colores variados, para adornar el Santo madero de gloria y destellos. Un auténtico arte efímero que muestra todo su esplendor en el posterior Día de Corpus, en el que se vestía de verde y colorines las paredes de los edificios cubiertos de palmas y ramas, y las calles quedaban tapizadas con alfombras de flores y hojas.

Terminada la faena, la más representativa de las mujeres o el más anciano procedía a rezar alguna oración o plegaria a la Cruz, erguida en lo más alto de la sima. En tanto, durante el acto se lanzaban cohetes, cuyos estampidos retumbaban en los valles y hondonadas, recordando a los moradores de vecinos caseríos que era la Fiesta de la Cruz. Visitas que terminaba en muchos casos con cantos, bailes canarios y flores que morían arrepentidas a sus pies.

FUENTES DOCUMENTALES:

Monografías:

- CABRERA MUJICA, J.J. (Coordinador). (1987). Guía Natural de la Hoya del Gamonal y Camaretas. Cabildo Insular de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria.

- CAZORLA LEÓN, S.; SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, J. (2003). Obispos de Canarias y Rubicón. Las Palmas de Gran Canaria.

- GONZÁLEZ CRUZ, M.I. (2003). The Canary Island Review (1903-1904) Textos sobre Canarias y la colonia británica en el periódico inglés de Las Palmas. Las Palmas de Gran Canaria.

- GUÍA DEL PATRIMONIO ETNOGRÁFICO DE GRAN CANARIA (2005). Cabildo de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria.

- RODRÍGUEZ SUÁREZ, P.J. (2001).“San Mateo (Apuntes para su historia). De Tinamar a la Vega de Arriba. Las Palmas de Gran Canaria.

Periódicos consultados:de Canarias y Rubicón

- El Liberal, 1884-1886, 1892. (H)emeroteca del (M)useo (C)anario (HMC).

- Revista de Las Palmas 1884-1886. HMC.

- La Patria, 4 de julio de 1892. (Excursión al Saucillo de J. Betancor). HMC

- El Defensor de Canarias, enero-junio de 1921.HMC.

Archivo Histórico Diocesano, caja de la parroquia de San Mateo.
 
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