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Historia

Textos entresacados del libro " El pueblo que surgió del bosque" del autor Pedro Socorro.

En la zona centro oriental de Gran Canaria,en la ruta que une Las Palmas con Telde, se encuentra la hermosa localidad de Santa Brígida, fundada a raíz de la conquista de la isla a finales del S.XV y a principio del S.XVI, edificada al borde de un barranco, con abundante arbolado que produce ricas frutas y rodeada de pendientes en las que crecen innumerables palmeras, lo cual explica su antiguo nombre: «Sataute», pequeño palmeral.

Santa Brígida fue en el pasado un importante centro colonial, época de la cual subsisten todavía los vestigios de algunas haciendas, con sus bodegas y lagares, donde casi todos los topónimos hacen alusión a su pasado de grandes extensiones de plantas autóctonas: Dragonal, Lentiscos, Madroñal, Pino Santo...

En la actualidad es uno de los principales núcleos agrícolas del interior de la isla, en especial por su producción de frutas y hortalizas. Desde la plaza de la iglesia del lugar se contempla el impresionante paisaje de la Vega, zona feraz y rica en agua.

En el templo se conserva una magnífica talla que representa un Cristo, obra del imaginero canario José Luján Pérez, que sorprende por su cuidado realismo.

Muy cerca de su núcleo urbano se halla el barrio de la Atalaya, antiguo lugar de vigilancia y defensa y antiguo poblado de cuevas y alfareros, con sus casas excavadas habitadas, donde podemos visitar una de ellas, que ha sido convertida en museo en memoria del alfarero más conocido por el empleo de técnicas ancestrales, Panchito.

Aquí se encuentra el campo de golf y la Caldera de Bandama, cráter volcánico de 1 Km. de boca, cuya mejor vista se consigue desde el mirador del mismo nombre a 569 m. de altitud, desde donde también se divisan las Vegas, la Capital y Telde.

Santa Brígida, al igual que Tafira y el Monte, nos ofrece su característica mezcla del pasado agrícola y el presente residencial, al ser la zona preferida por aquellos que viven en suntuosas casas alejadas del bullicio capitalino.



El pueblo que surgió del bosque

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Cuna de batallas y leyendas, antiguo bosque de palmeras y lentiscos, paisaje de volcanes adormecidos y barrancos, como el Guiniguada, cuyo hilo de vida definió su pequeño territorio, como antes su vida, su riqueza y su razón de ser. Así es Santa Brígida, una hermosa villa, mezcla de pasado agrícola y presente residencial, que se asoma al nuevo milenio humilde y orgullosa de su glorioso ayer y de sus cinco siglos de historia.

Bendecida y embellecida por un envidiable conjunto de plantas y flores que enriquecieron su imagen y su toponimia, y prestigiada por su clima benigno, esta verde y cautivadora villa escribió con letras de oro una de las más hermosas páginas de la historia de Canarias al haber sido capital y cuartel general de la isla durante una semana, el tiempo que tardó en expulsar y derrotar a la escuadra más poderosa que jamás haya surcado las aguas del archipiélago: la armada holandesa que capitaneaba el almirante frisón Pieter Van Der Does y cuyas intenciones no eran, precisamente, conquistar una parcela donde plantar tulipanes.

Desde los remotos tiempos de la Conquista, ha cobijado durante siglos a pacíficos y laboriosos agricultores, esforzados esclavos, artesanos de todas las habilidades, ávidos comerciantes, poderosos clérigos, militares con sus predios, colonos vinculados a la producción agrícola y a la flor y nata de los intelectuales y regidores de la isla, como aquel niño llamado Benito Pérez Galdós, que pasó aquí los mejores años de su infancia entre vinagreras, mocanes y viñas antes de ponerse a escribir sobre los seres humanos, sus sentimientos y episodios colectivos.

A medio camino entre la costa y la majestuosa silueta de la Cumbre, a tan sólo 14 kilómetros de la capital, se encuentra esta coqueta población fundada en los albores del siglo XVI. Un tiempo, una época, unos años de grandes estudiosos, de hombres llenos de sabiduría, entregados con afán al estudio de los libros y de la ciencia, mientras el todopoderoso emperador Carlos I luchaba contra los turcos y berberiscos y el genio de Miguel Ángel pintaba la Capilla Sixtina ¡a lo largo de 33 años!.

En pleno Renacimiento, Santa Brígida se convirtió en un lugar atractivo para los nuevos pobladores, algunos conquistadores y otras gentes llegadas a la isla en los años inmediatos a la conquista, agraciadas con el reparto de tierras y el agua abundante que cruzaba este territorio cubierto por entero de bosque, donde pastaban los nutridos rebaños de las tribus aborígenes. Tal fue el caso del bachiller Cristóbal de la Coba, uno de los privilegiados propietarios del agua de Satautejo, quien puso en práctica toda su sabiduría hídrica para asegurar sus cosechas de cañas de azúcar que poblaban en 1519 La Angostura, cultivadas con esfuerzo por su cañaverero Gonzalo de Ocaña y los esclavos a su servicio. Allí, en la ribera del Guiniguada, emplazó poco después un ingenio para moler la caña y refinar el blanco azúcar.

En pocos años, los nuevos hacendados andaluces y castellanos convirtieron a Santa Brígida "en un auténtico vergel, a golpes de hacha y surcos de arado", en palabras del historiador canario Antonio Rumeu de Armas. La agricultura alteró de raíz aquel agreste paisaje de pahneras y lentiscos y en los sotos Y calveros del umbroso bosque florecieron los cereales, las viñas y aquel azúcar de caña, que esperaban con ansias los confiteros sevillanos para enviarlos a las despensas de América y Europa.

La importancia que va adquiriendo la Vega gracias al auge alcanzado por su economía azucarera hace que los vecinos, a medida que van aumentando, soliciten la creación en su jurisdicción de una sencilla ermita -de una sola nave, pero con campana para llamar a misa- donde escuchar la palabra de Dios y evitar los largos y penosos recorridos hasta la lejana iglesia del Sagrario, en la ciudad, de donde eran feligreses.

La primitiva iglesia, fundada por don Francisco de Maluenda e Isabel Guerra, se abrió al culto en 1525, siendo su primer capellán Pedro Sitronela, que ocupaba una casa, con cocina anexa y corral para los animales, edificada junto a la pequeña ermita, propiedad también de la fundadora. El casco sirvió de asiento a las clases más acomodadas (descendientes de conquistadores), propietarios de la tierra, clérigos, comerciantes, como la familia de Juan Francés, su esposa Bárvola González y su hijo Luis Briviesea, mayordomo de la iglesia y propietarios además de un horno de pan en el cauce del barranco, así como otros personajes notables que fueron dándole empaque e importancia a la villa. La naciente vega empezaba a crecer en extensión y en almas, configurando lentamente, pero de manera progresiva, su rostro más amable y rural.

Otras viviendas comenzaban a edificarse, con cierta improvisación, junto a los cultivos, los hornos de pan y tejas y los ingenios azucareros. Allí la población era más humilde, compuesta por esclavos y hombres ligados al duro trabajo de las plantaciones de cañas y otros cultivos de subsistencia, entre los que destacaban los cereales. Sus viviendas eran rudimentarias casas bajas, de piedra y barro, pero cubierta de tejas que se cocían en el tejar de La Angostura, propiedad del vecino Hernando de la Feria, y que atendía a las nuevas construcciones. El aumento de la población fue notable en el siglo XVII y posteriores, toda vez que a finales de dicha centuria se contabilizan en la parroquia más de dos mil habitantes censados en 1688, y distribuidos en más de 400 casas diseminadas por los barrios de El Monte, La Atalaya, Las Cuevas, Las Goteras, Satautejo, La Angostura, Los Silos, Lomo Espino, Pino Santo, entre otros pagos de la Vega de Arriba. Santa Brígida se convertía en la tercera población de Gran Canaria por la abundancia de habitantes, después de Las Palmas y Telde.

La belleza del lugar y la benignidad de su clima, hicieron de Santa Brigida el "campo de recreo" de los vecinos más pudientes de la costa que recuperaban sus fuerzas en medio de un paisaje de atractiva y cautivadora variedad. En pleno siglo XVIII, el historiador Pedro Agustín del Castillo y Ruiz de Vergara hace una somera descripción del lugar:dos leguas de la ciudad Real de Las Palmas, a la parte del oeste, en sitio alegre, fresco y ameno; todo poblado de viñas, árboles frutales de todos géneros, y de sembrados; carnes, casas de conejos, perdices y palomas". A renglón seguido exalta Castillo el número y calidad de las casas y mansiones "de todas las conveniencias para los continuados recreos de los veranos, por lo que, siendo los dueños de las heredades vecinos de la ciudad, se retiran a él para gozar de las frescuras de sus perennes arroyos y fuentes".

Un tercio de siglo más tarde, el insigne historiador y naturalista José Viera y Clavijo (1731-1813) quedó gratamente sorprendido de la belleza de este territorio cuando se hospedó en la vieja hacienda de San José, de su amigo Pedro Bravo de Laguna y Huerta, y trasladó la Vega a un soneto que empieza así:

"Ved aquí un paraíso sin serpiente donde no hay fruta al gusto prohibida, donde todo árbol es árbol de vida, su Adán agricultor, su Eva inocente."

Hoy en día la Vega de Abajo ya no es tan inocente como en el siglo XVIII y de su fruta prohibida sólo queda el recuerdo de una economía basada exclusivamente en la agricultura, cuando sus vegas y sus huertas eran la despensa hortícola de la ciudad y un destacado centro de contratación de vinos con los que se brindaba en toda Europa.

El potencial hidráulico de la Vega, en la actualidad muy mermado, y la riqueza de su suelo dieron como resultado un régimen de cultivos centrado básicamente en las papas, las verduras y los árboles frutales, sobre todo perales y naranjos, que se mantuvo hasta mediados del siglo veinte. El desarrollo turístico que experimentó el Sur de Gran Canaria y la crisis agrícola de los años sesenta transformó radicalmente la tradición económica de este municipio. A partir de ese momento, los agricultores liquidaron sus aperos de labranza y plantaron en los surcos los cimientos de la especulación, merced al fuerte empuje de la construcción que desde esos años atrae a la población residencial por su proximidad con la capital Gran Canaria.

La Vega se nos presenta hoy bastante edificada, en una mezcla de núcleos residenciales y viviendas aisladas, aunque no siempre tuvo este aspecto. El paisaje local de nuestros días dista mucho de la exuberante vegetación que encontraron los conquistadores castellanos, con un bosque frondoso, pleno de frescor, cuya densa y vigorosa vegetación cubría todas las alturas del Monte y no permitía siquiera penetrar a los rayos de sol. La agricultura va en franca retirada y en beneficio de nuevas construcciones con jardín privado. Pero Santa Brígida sigue manteniendo la esencia de su fundación y la belleza de sus palmeral es, origen de su nombre primitivo (Tasantejo o Sataute), como el entrañable Palmeral de Satautejo, donde todavía es posible recrear aquel paraíso que latía con un poderoso y verde latido, y que sigue siendo la memoria viva y natural de que Santa Brígida es un pueblo que surgió del bosque, el del Lentiscal.

A raíz de su crecimiento poblacional, este municipio fue conocido con el nombre genérico de El Lugar de la Vega, ocupando la cuenca media del Guiniguada, con lo que su jurisdicción alcanzaba desde los límites actuales con la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria hasta las mismas cumbres. Entonces era uno de los pueblos más extensos de la Isla. Un sólo y amplio municipio compuesto por La Vega de Abajo (Santa Brígida), la de En medio (El Madroñal) y la de Arriba (San Mateo). Hasta el mes de diciembre de 1801, San Mateo fue un barrio más de Santa Brígida, pero el crecimiento de su población (estimada en unos 500 vecinos) y la demanda de una parroquia y una autonomía administrativa que evitaran los desplazamientos dieron lugar a la segregación a finales del siglo XIX, gracias a las gestiones del entonces Obispo canario, Manuel J. Verdugo y Albiturria, que convirtió en parroquia una antigua ermita que ya existía en 1652, junto al manantial de Los Chorros, donde se ofrecían misas y novenarios pidiendo que lloviera o que se alejaran las plagas de langosta; las mismas que echaban a perder las cosechas y reavivaban el drama del hambre y la emigración.

También esta villa se honra en poseer el título de invicta, pues fue escenario de la batalla librada en Monte Lentiscal, donde unos 500 milicianos canarios, mandados por el Gobernador Pamochamoso, pudieron vencer y poner en retirada a una formidable tropa holandesa compuesta por 73 grandes navíos y 6.000 hombres entre marineros y soldados que, protegidos por cascos y rutilantes armaduras, irrumpieron sin miramientos en este pequeño paraíso en busca de las riquezas que habían sido evacuadas de la ciudad hasta La Vega en previsión de su derrota.

Ante la ocupación de la capital, las monjas bernardas vinieron a refugiarse en la hacienda del Galeón, y de una de ellas, Sor Ana de Sopranis, se cuenta que al rezar ante el cuadro de Ecce Homo durante la batalla que se desarrollaba en el Monte Lentiscal, oyó la voz de Jesús que le prometía el triunfo de los campesinos del pueblo, que capitaneaba un oriundo de la Vega, Pedro de Torres Santiago, gran conocedor del campo de batalla. El combate fue tan aguerrido que los holandeses huyeron despavoridos para caer desplomados muchos de ellos por los riscos. En su huida saquearon y prendieron fuego a la ciudad de Las Palmas. De dicho episodio queda fe en el escudo heráldico de la villa, que lleva la leyenda:"Por España y por la fe vencimos al holandés".

Cuenta la leyenda que las mujeres de esta villa se congregaron en la iglesia para pedir a la Virgen del Rosario que alejara el peligro de las naves extranjeras. En la iglesia se conservaba incluso una bandera, con unos bastones bordados con hilos de oro, que tomaron a la escuadra holandesa durante el ataque y que fue donada por la vecina Luisa Hemández al culminar la batalla.

La Virgen del Rosario gozó desde entonces de gran devoción popular, aunque el patronazgo del pueblo pertenece, no obstante, a la imagen de Santa Brígida desde la apertura de la iglesia en 1525, una santa del norte de Europa, no se sabe si irlandesa o sueca. Posiblemente, la devoción de esta santa fue introducida por las familias irlandesas, que en esos años se refugiaron en Gran Canaria huyendo de la persecución religiosa de la Reina Isabel I de Inglaterra.

Hoy en día las actividades comerciales, las características de La Vega, y la población han variado mucho en función de los tiempos y del desarrollo. Hasta hace unos cincuenta años, Santa Brígida contaba con poco más de seis mil habitantes, cuya principal ocupación económica era la del campo. Hoy el censo se eleva a unos 20.000. La población, mayoritariamente joven, ha duplicado su número en las últimas dos décadas debido a la aprobación, a partir de los años sesenta, de una decena de urbanizaciones que fueron ganando terreno a la agricultura y cambiando su piel de surcos, suaves colinas y montes bravos. A las puertas del nuevo milenio, el pueblo de Santa Brígida mira al futuro con optimismo, convertido en el epicentro de su identidad, y de su nostalgia.



Territorio

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Santa Brígida es uno de los municipios más pequeños de la isla de Gran Canaria, el tercero después de Valleseco y Firgas. Posee una superficie total de 23,8 kilómetros cuadrados, es decir el 1,52 por ciento del territorio insular, pero en su exiguo perímetro alberga gran variedad de microclimas, de paisajes mágicos, de historia legendaria. Su forma es casi rectangular y está situada en la mitad Noreste, en las medianías de Gran Canaria, desarrollándose desde la cota de los 350 metros del cauce del Guiniguada hasta los 900 de las laderas de Pino Santo.

Una línea que bordea la Caldera de Bandama, que queda incluida en el término municipal, y continúa para formar un ángulo casi recto en Los Llanos de María Rivera y seguir por el Lomo de la Vizcaína, constituye el límite Norte, con las montañas que separan las vegas de la villa mariana de Teror. Al Oeste, otra línea casi recta marca la divisoria con San Mateo. Al Este con Las Palmas de Gran Canaria y ya por el Sur toca a Valsequillo, tomando la divisoria con Telde a través del barranco Las Goteras y los montes continuados que, partiendo de los Saucillos, mueren casi en la Caldera de Bandama, Monumento Natural de Gran Canaria.

Barrios y pagos: El Monte, El Gamonal, La Atalaya, Pino Santo Alto, Pino Santo Bajo, Llano María Rivera, Los Silos, Los Olivos, Los Lentiscos, Las Goteras, Lomo Espino, El Madroñal, San José de Las Vegas, La Angostura, Las Meleguinas, Portada Verde y Bandama.

Distancia de la capital: 14 kms.

Distancia del aeropuerto: 36 kms.

Cómo llegar: Carretera del Centro (GC-15), kilómetro 14 ó la nueva Autovia del Centro (GC-4). La estación de guaguas (Bus), situada en la Avenida Rafael Cabrera, en Las Palmas de Gran Canaria, dispone de servicios cada quince minutos.



Clima

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La ubicación de la Villa de Santa Brígida en las medianías del noreste de Gran Canaria, es decir, su situación entre la costa y la cumbre, tiene como resultado que el clima en general sea aquí templado y bastante húmedo. Un clima primaveral, caracterizado por la suavidad de las temperaturas, que oscilan entre los 15 grados de media en el mes más frío -enero- y los 22 grados de temperatura en el mes de agosto.

Precisamente, su estratégica situación y su clima agradable, afines en verano a las de determinados lugares de Gran Bretaña, convirtieron al Monte Lentiscal en una zona de recreo y residencia de las familias más distinguidas de la isla y turistas ingleses, que pasaban aquí sus otoños huyendo de los rigores del invierno europeo hacia la eterna primavera de las "Canary island".

Dicen los entendidos que aquí el clima se hace más mediterráneo y debido a la existencia de un microclima particular, esta comarca se convirtió también en un lugar privilegiado para sanar distintas enfermedades de la piel, la tuberculosis o el estrés y el refugio perfecto, por su altitud, cuando amenazaba una epidemia a la ciudad en los siglos pasados, como los sucesivos brotes de fiebre amarilla y el temible cólera morbo. A su amparo se construyeron el centro dermatológico de Tafira y la Quinta Médica de Reposo, en la zona del Gamonal.

Las variaciones de altitud de este municipio (que oscilan entre los 350 y los 900 metros sobre el nivel del mar) producen, no obstante, modificaciones significativas en el clima, hasta tal punto que podemos distinguir dentro de la villa dos zonas climáticas principales: una templada-seca y otra templada-húmeda.

La zona templada-seca se extiende aproximadamente entre los 300 y 600 metros de altitud, caracterizándose por unas temperaturas medias anuales entre los 16-19 grados centígrados y lluvias medias anuales entre los 300- 500 milímetros. La zona templada-húmeda abarca la zona comprendida entre los 600-850 metros sobre el nivel del mar. En estos sectores de Santa Brígida se produce un fenómeno climático denominado mar de nubes, resultado de la condensación de la humedad que llevan los vientos alisios del noreste al enfriarse conforme van ascendiendo por el relieve.

Este fenómeno consiste en la formación de un manto de nubes que al entrar en contacto con el relieve insular forma nieblas, lo que aporta una cantidad de agua muy importante, hasta el punto que supera a la aportada por las lluvias. Sin embargo, la ubicación de la mayor parte del territorio municipal en la Cuenca del Guiniguada supone que los relieves deprimidos de la cuenca actúen de obstáculo al mar de nubes, que no es tan importante como en otras zonas del norte de la isla situadas a la misma altitud. Con todo, no hay que olvidar las precipitaciones que se producen en esta porción de tierra, donde las lluvias medias anuales se sitúan por encima de los 500 milímetros a los que hay que sumarle el agua que aporta las nieblas del mar de nubes.



Relieve

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La mayor parte del territorio municipal se encuentra en la Cuenca del Guiniguada, que constituye una de las redes de barrancos más importantes de la Isla, formada por la acción de las lluvias durante millones de años. Por eso, las formas de relieve más frecuentes de Santa Brígida son los barrancos, laderas, lomos y ricos;es decir, un relieve bastante accidentado como resultado de diferentes procesos de la actividad erosiva en la Isla de Gran Canaria.

Las erupciones volcánicas han dejado una herencia de espectaculares calderas, como la de Bandama y Pino Santo, situada esta ultima en el límite con la villa de Teror. Estas depresiones están formadas a partir de las violentas explosiones originadas al mezclarse el magma que subía hacia la superficie con las aguas subterráneas. Estos volcanes atraen la curiosidad de numerosos científicos y visitantes. El picón es un material volcánico muy abundante en el municipio, dominando en su zona nororiental, el cual es el soporte de los cultivos de vid, ya que éste contribuye a mantener la humedad y capta la que contiene el rocío.

Además del picón de color negro podemos encontrar otro de color claro y de tamaño milimétrico que se formó por las tremendas explosiones anteriormente mencionadas, formándose importantes acumulaciones en las paredes de la Caldera de Bandama; a estos depósitos de picón de color claro se les denomina popularmente tobas. Las tobas han sido muy utilizadas para excavar cuevas desde la época aborigen debido a su fácil desmantelamiento. Y también muy usadas como materiales de construcción. Hay que tener en cuenta que las tobas de la cara norte de la Caldera de Bandama son de los depósitos más espectaculares de las Islas Canarias, teniendo gran belleza y atractivo.

En el relieve de este municipio aparecen, finalmente, pequeñas montañas denominadas conos volcánicos, formados en su mayor parte por la acumulación de grandes cantidades de picón en torno a los cráteres. El más notable es la Caldereta del Lentiscal, situado en el límite nororiental del municipio.



Fauna

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La actividad humana y las alteraciones ambientales han contribuido a la desaparición de muchas especies autóctonas. La presencia estacional de las aves migratorias se mantiene, aunque en serio peligro por el avance del proceso urbanizador. Los palmerales de la villa, como el caso del de Satautejo, y las zonas de barrancos acogen en sus anuales desplazamientos a numerosas aves migratorias que hacen su aparición de forma esporádica en la zona de la presa, al desviarse de sus rutas normales, tales como las garzas o garcetas. Otras especies típicas de medianías y barrancos son los capirotes, los búhos chicos, popularmente conocidos como lechuzos, palomas, mirlos, así como la curruca cabecinegra, y el canario del Monte, de bellos colores verde amarillento del macho, dotado de un canto portentoso y antecesor de todas las razas de canarios europeos. Asociada a los lavaderos que existentes en los barrancos por los que todavía corre el agua, también aparece la lavandera cascadeña o alpispa.

Entre los reptiles se puede mencionar la abundante presencia del lagarto canarión, especie endémica de Gran Canaria y que puede llegar a alcanzar en su edad adulta hasta ochenta centímetros, de boca a rabo.



Vegetación

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Las caracteristicas climáticas y el relieve condicionan el tipo de vegetación natural que podemos encontrar en la Villa de Santa Brígida. La vegetación natural, es decir, aquella que se desarrolla sin la intervención del hombre, de la zona comprendida entre los 300-600 metros de altitud, sería la formada por un tipo de bosque bajo donde predominan árboles de origen mediterráneo como el acebuche, el lentisco, la sabina, el almácigo, el drago y la palmera canaria a los cuales les acompañan matorrales como la retama blanca, el guaydil y malvas de risco entre otras muchas.

A este tipo de bosque se le denomina termoesclerófilo y se caracteriza por tener una gran resistencia a la sequía y porque no soporta temperaturas bajas. En ciertas zonas tendía a dominar una sola especie de árbol, formándose acebuchales, dragonales, sabinares, almacigales o lentiscales. La presencia de esto últimos árboles, de los que todavía se encuentran numerosos ejemplares, hizo que se diera a la parte baja de este territorio el nombre de Monte Lentiscal.

Por debajo de los 300 metros de altitud la escasez de lluvias daría lugar a la aparición de matorrales de tabaibas dulces y cardones denominados cardonales-tabaibales. Este tipo de formación vegetal es exclusiva de Canarias, al igual que muchas de las especies de plantas que la forman.

Finalmente, a partir de los 600 metros sobre el nivel del mar aparecieron los bosques de laurisilva o monteverde debido al aumento de las lluvias, a la disminución de las temperaturas y, sobre todo, a la presencia del mar de nubes. La laurisilva es un bosque subtropical muy húmedo y espeso, donde se hallan árboles como el laurel, til, viñátigo, palo blanco, barbusano, peralillo, raya, brezo, acebiño y madroños, entre los principales. El nombre del barrio del Madroñal se debe a la presencia de esta especie.

Una de las formaciones vegetales más características de la villa son los palmerales. Estos palmerales estaban formados por la palmera canaria y se distribuían principalmente por los cauces y laderas de los barrancos.
Los aborígenes habían degradado parte de la vegetación original debido a sus actividades ganaderas y agrícolas, pero su limitada tecnología supuso que se conservaran grandes áreas de vegetación natural. Sin embargo, la llegada de los castellanos en el siglo XV produjo la degradación de la mayor parte de la vegetación original, ya sea para obtener tierras de cultivo, para el suministro de leña de los ingenios azucareros y hornos de pan y tejares o para la construcción de casas.

Las zonas agrícolas abandonadas o aquellas zonas deforestadas, pero no ocupadas, fueron colonizadas por un tipo de vegetación diferente a la original, denominada vegetación de sustitución. De este modo se generalizaron los matorrales de tabaibas amargas, pitas, tuneras, incienso, en las zonas de picón, vinagreras y en las zonas más húmedas y altas codesos y escobones, que son los que dominan en la actualidad.

En ciertas zonas el acebuche y, en menor medida, el lentisco, están recolonizando las áreas originales del bosque termoesclerófilo, recuperándose de forma más intensa sobre todo a partir de 1960 debido al abandono de las zonas rurales del municipio y de las tareas agrícolas, ganaderas y de leñeo. En algunos lugares se localizan bosquetes de las formaciones naturales, como algunos acebuchales en Pino Santo y diversos palmerales entre los que destacan el de Satautejo, en el casco, Hoya Brava, barranco de La Angostura, El Colegio y Los Laureles, barranquillo de Dios o en la propia Caldera de Bandama, entre otros.

Esta diversidad de la flora natural se ve enriquecida desde el siglo XIX por la introducción de plantas exóticas que pueblan los jardines de villas, mansiones y los parques y plazas municipales.

En Santa Brígida se conserva, finalmente, un elevado número de dragos, en los bordes de las carreteras, en los jardines de chalés y en determinados enclaves paisajísticos, siendo el municipio de las islas con más ejemplares endémicos. Hasta el momento se han contabilizado unos 500 dragos de más de quince años. Uno de estos, el drago de Barranco Alonso, goza de renombre en la geografía local, tanto por su longevidad -se estima en unos quinientos años- como porque se ha convertido en el símbolo natural de la villa.



Cronología

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D.C.
100-100 Posibles llegadas de las primeros pobladores a las islas.
1341 Expedición portuguesa capitaneada por Angiolino del Tegghia.
1402-1405 El normando Juan Bethencourt y Gadifer de Lasalle intentan infructuosamente conquistar las islas.
1427 El rey Juan II de Castilla obtiene el derecho sobre las islas Canarias y la zona norte de Marruecos.
1478 Juan Rejón desembarca en Gran Canaria y funda la ciudad de Las Palmas, al borde del barranco Guiniguada.
1482 El guanarteme Tenesor Semidán es capturado y trasladado a la Corte de Calatayud, en el reino de Aragón, donde se somete a los reyes Católicos y se convierte al cristianismo. Se le bautiza como Fernando Guanarteme.
1483 Pedro de Vera Mendoza culmina la conquista de Gran Canaria.
1512 Un nuevo reparto de tierras y aguas en Satautejo beneficia al cuñado del gobernador López de Sosa, llamado Pedro de Cabrera, y al regidor Cristóbal Vivas, Luis Armas; el escribano del Cabildo, Juan de Aríñez; el mercader genovés Esteban de Riverol y el bachiller Cristóbal de La Coba. Se inician plantaciones de cañas de azúcar en la cuenca de La Angostura.
1524 Se culminan las obras de la primera ermita de Santa Brígida, en la zona conocida por El Espolón, fundada por Francisco de Maluenda e Isabel Guerra, dueña de la Vega Vieja, El Gamonal.
1585 La ermita se convierte en parroquia, en la festividad de Santa Lucía, desmembrándose de la del Sagrario, en la ciudad. Es párroco el bachiller don Melchor Méndez.
1599 La armada holandesa, con 73 navíos y 6.000 soldados, capitaneada por Pieter van der Does, ocupa Las Palmas de Gran Canaria y, posteriormente, es derrotada en El Monte Lentiscal. En su huida saquea y prende fuego a la ciudad de Las Palmas.
1639 El pueblo de Tejeda se separa del Lugar de La Vega.
1697 Se inician las obras de construcción de la segunda iglesia del pueblo, siendo párroco don Francisco Martín Naranjo para acoger a la creciente población, cifrada entonces más de dos mil habitantes. Se levantó en El Espolón, sobre el mismo solar que ocupaba la primera ermita.
1751 El párroco Balthazar de Bethencourt dona la imagen de San Antonio de Padua y deja parte de sus bienes para celebrar las fiestas en su honor.
1753 Se acuerda la construcción de la torre de la iglesia y se encarga la elaboración de los sillares. Los trabajos de cimentación se inician en 1753, siendo párroco el licenciado don Mateo de Ojeda Rodríguez.
1801 En diciembre, la Vega de San Mateo se separa de Santa Brígida gracias a las gestiones del Obispo Verdugo y convierte su antigua ermita en parroquia.
1835 Se crean los ayuntamientos modernos, dotándolos de poder económico. Es alcalde don Balthazar Afonso.
1851 Una epidemia de cólera morbo hace estragos en la isla durante el verano. En Santa Brígida unos 290 vecinos, el diez por ciento de la población perecieron, entre ellos el cura de la Vega, Miguel de Talavera, que se contagió asistiendo a los moribundos. Muchas familias se refugiaron en este pueblo, huyendo del invasor enemigo. Una de éstas fue la de un niño llamado Benito Pérez Galdós.
1868 Varios generales desterrados en Gran Canaria se reúnen en una bodega del Monte, propiedad de don Antonio López Botas, e inician el plan de combate que derrotaría días después a la Reina Isabel.
1897 Un grave incendio destruye la parroquia de Santa Brígida en la madrugada del 22 de octubre. De las llamas sólo se salva la torre campanario, algunas alhajas y varias imágenes, entre ellas San Antonio de Padua y La Dolorosa, de Luján Pérez.
1900 El 23 de abril un grupo de vecinos, encabezados por el secretario del Ayuntamiento, don Daniel Alfonso López, funda La Amistad, luego Real Casino. A su amparo nace la Banda Municipal. Santa Brígida cuenta con 4790 habitantes y ese año se instala en el pueblo doce farolas de petróleo, adquiridas en una subasta del antiguo alumbrado de Las Palmas.
1902 El Ayuntamiento instala la primera central telefónica del pueblo en una tienda de aceite y vinagre de La Alcantarilla, propiedad del comerciante y alcalde en funciones, Juan Jesús Rodríguez, natural de Teror.
1904 Se inician las obras de reconstrucción de la parroquia siniestrada, bajo la dirección técnica del Arquitecto Diocesano Laureaoo Arroyo y Velasco.
1906 A primero de abril el Rey don Alfonso XIII visita Gran Canaria y viene de gira al pueblo, engalanado con bellos arcos de flores y banderas nacionales. Se celebra un almuerzo en los jardines del Hotel Santa Brígida y presencia una carrera de burros en Vista Alegre, cerca del Madroñal.
1926 El motor del viejo molino del comerciante don José Cabrera Ramírez suministra luz eléctrica al pueblo. El Real Casino se beneficia de este adelanto, compra un proyector y ofrece las primeras películas de cine mudo para entretenimiento de los socios.
1927 Queda definitivamente instaurada, por decreto de Primo de Rivera, la división provincial que había apoyado también Santa Brígida. A partir de ese momento, la provincia de Las Palmas incluye las islas de Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote, mientras que Santa Cruz de Tenerife consta de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro.
1930 Se inaugura el aeropuerto de Gando, hoy de Grao Canaria.
1931 El 14 de abril de proclama la II República. La Banda Municipal, dirigida por don Domingo Suárez Quesada, ameniza un paseo dominical en la Plaza de la iglesia para celebrar el nuevo régimen, al tiempo que el Casino deja de llamarse Real por las nuevas circunstancias políticas.
1935 El ciudadano don Santiago Roque Santana inaugura en un garaje del vecino don Juan Muñoz Cabrera, el primer cine sonoro en Santa Brígida, llamado El Capital. Los operadores del nuevo cine serían don Arturo Rodríguez Peña y don Miguel Rodríguez Cruz, conocido por Lito.
1936 Francisco Franco acude a Gran Canaria para asistir al funeral del general Balmes y sumarse a los sublevados contra la República. Dos días después del alzamiento, el 20 de julio, una comisión gestora presedida por el gran propietario don Fermín Monzón Barber se hace cargo del Ayuntamiento. La paz del país se acaba de quebrar.
1946 El empresario don Pedro Sansó Rubert edifica en la calle Nueva, el Cine de Santa Brígida, con capacidad para 500 espectadores. La primera película que se proyecta es 'Luz en el Alba', interpretada por Gene Kelly y Diana Durbin. Acuden numerosos vecinos con el alcalde, don Carlos Ramírez, al frente.
1960 La llegada de las flotas pesqueras, los grandes trasatlánticos y el comercio impulsan la actividad portuaria, mientras la Isla continúa con un nuevo sistema económico basado en el turismo. En plena crisis agrícola, Santa Brígida deja a un lado su motor económico basado en la agricultura y destina una parte importante de su territorio a diez urbanizaciones residenciales. El pueblo comienza a convertirse en "ciudad dormitorio".
1979 Tras la promulgación de la Constitución española, el 3 de abril se celebra las elecciones municipales, a consecuencia de las cuales el vecino José A. García Viera es proclamado alcalde, a pesar de sólo contar con dos concejales. El apoyo inesperado de UCD, que obtuvo ocho concejales, le convirtió en el primer alcalde de la democracia, dejando en la oposición al grupo conservador liderado por el farmacéutico Elías Artiles Arencibia.
1989 Se crea la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
1995 Santa Brígida se convierte en el municipio de mayor renta por habitante de Canarias. La población satauteña pagó ese año en concepto de Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas una media por habitantes de 954.047 pesetas, una cifra casi 300.000 pesetas superior a la media regional, según datos del Instituto Canario de Estadística (Istac).
2000 Santa Brígida cruza el umbral del siglo XXI con casi 20.000 habitantes. Se culmina la ampliación de las oficinas municipales del ayuntamiento con un moderno edificio y el polideportivo municipal, en Los Olivos.


Satauteños ilustres

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Cipriano de Torres (1560 aprox.-1599). Capitán de la compañía de La Vega, su nombre ha quedado grabado en la historia por su valentía y heroísmo. Durante el desembarco de la armada holandesa el 26 de junio 1599, Cipriano advirtió que en una de las lanchas viajaba Van der Does, cubierto de pies a cabeza con una armadura. Pues bien, aún a sabiendas de que se jugaba la vida, se internó en el mar, logrando asestarle al jefe holandés tres golpes de lanza, que le hirieron y le hicieron caer al agua. Van der Doez debió la vida al pronto auxilio de sus hombres y a su armadura. Cipriano vio cegada su vida por los disparos a quemarropa que le dirigieron los holandeses.

Pedro de Torres Santiago (1563 aprox. 1629). Tras la heroica muerte de su hermano Cipriano, Pedro de Torres se convirtió en otro valeroso capitán de la compañía de La Vega en aquellas trágicas jornadas en las que Santa Brígida fue cuartel general de la Isla. Sus conocimientos sobre el terreno en que luchaba, aquel frondoso Monte del Lentiscal tan apropiado para emboscadas, le valió para trazar un plan de combate, junto con el gobernador Pamochamoso, infligiéndole una severa derrota a la poderosa armada holandesa del almirante Pieter van der Does, que huyó de la ciudad tras prenderle fuego.

Blas Marrero Bethencourt (1688 aprox.-1751). Natural de Santa Brígida, y canónigo de la Catedral de Las Palmas, don Blas Marrero adquirió a mediados del siglo XVIII la imagen de San Antonio de Padua, una preciosa muestra de la imagineria Barroca Sevillana del indicado siglo. En sus mandas testamentarias instituyó un vínculo y patronato de legos con todas sus importantes propiedades para el mayor esplendor y sostenimiento de estas fiestas en honor a este santo con fama de casamentero y abogado de las causas imposibles. Este sacerdote era un destacado miembro de la burguesía agraria de la época, propietarios de grandes extensiones de terrenos en Santa Brígida y San Mateo, además de horas de agua de la Heredad y hasta un molino de pan en Lugarejos. Una calle del casco lleva su nombre.

Matheo Ojeda y Rodríguez (1705-1768). Natural de Santa Brígida, fue párroco de esta villa durante más veinticinco años interrumpidos (1739-1768). Desde que se hizo cargo de la parroquia, Matheo de Ojeda puso todo su empeño en la edificación de la actual torre de la iglesia, construida en piedra y que hoy se levanta como verdadero símbolo de identidad de la villa. El acuerdo de su construcción fue en 1753, empleándose 900 reales en quebrar los sillares y traerlos hasta la plaza, colocándose el primer canto de la torre el 9 de junio de 1755. Se terminaría cuatro años después, gracias a las limosnas de los feligreses. Durante su estancia en la parroquia, Matheo de Ojeda fue testigo de al menos cinco bajadas de la Virgen del Pino a la ciudad, varias por falta de agua, por epidemias y plaga de cigarras.

Nicolás Massieu y Matos (1876-1954). Nacido el 12 de marzo de ese año en su casa de La Angostura, el maestro don Colacho, como le llamaban en su entorno familiar, se convirtió en el pintor de Gran Canaria. Sus primeros estudios los realiza en el colegio de San Agustín y con su tío el pintor Nicolás Massieu Falcón. Tras una estancia en Inglaterra, dedicado a la importación de frutas, traslada su residencia a Italia y entra en contacto con el arte clásico y con los maestros del Renacimiento. Luego se traslada a Paris (1904-1909) y se dedica enteramente a la pintura con sus maestros Jean Paul Laurenz y Carriere y otros grandes pintores impresionistas Manet, Monet, Degas y RenoÍr. Durante su vida dibujó más de un centenar largo de retratos, paisajes, bodegones y rincones de Santa Brígida, entre los que destacan una trilla en El Madroñal (1926) y varios paisajes del apacible valle de La Angostura (1949), su barrio natal.

José Cabrera Ramírez (1877-1966). El comerciante don José Cabrera Ramírez constituyó en el verano de 1922, junto a otros satauteños, la Compañía de Automóviles de Santa Brígida S.A., luego Melián, que seria la pionera del transporte interurbano en la Isla. De igual forma le vemos figurar como depositario de las cuentas del Ayuntamiento y miembro fundador del Real Casino de Santa Brígida, en la primavera de 1900, siendo su primer tesorero. Don José Cabrera era, asimismo, dueño de un molino a la entrada del casco urbano que enriqueció la toponimia de la zona, conocida como la Vuelta del Molino, y cuya finca ha sido reemplazada hoy día por la urbanización residencial. A la maquinaria del molino la albergaba un edificio en cuyo extremo se encontraba una acequia por donde caía el agua y donde se encontraba la máquina generadora del alumbrado del pueblo a comienzos de 1920, convirtiéndose en el concesionario en exclusiva del servicio de alumbrado del casco de Santa Brígida hasta que fue asumida por la compañía Unelco, finalizada la guerra civil. Durante su etapa como gerente de la Compañía Melián, don José donó a la iglesia, a fines de 1929, el retablo de la Virgen del Rosario, imagen de la que su esposa, doña Rosario, era muy devota.

Pedro Suárez Pérez (1908-1954). Nacido el cinco de junio de 1908 en una casa de la calle principal, cerca de la iglesia, Perico Arico, como era conocido, emigró con sus padres a Buenos Aires cuando sólo contaba con dos años de edad. Allí se convirtió en un gran futbolista, triunfando en el Boca Juniors, desde donde posteriormente lograría ser convocado por la selección nacional de aquel país. Perico Arico se convirtió en el primer español en jugar una fase final del mundial de fútbol en aquel histórico partido disputado frente a la República Oriental de Uruguay (anfitrión del torneo). Entre sus compañeros de juego le gustaba que le llamaran "el canario".

Francisco Morales Padrón (1923). Natural de Santa Brígida, Morales Padrón es uno de los historiadores españoles más importantes del americanismo hispano. Escritor, prolífico investigador, catedrático emérito de la Universidad de Sevilla, este satauteño ha enriquecido incalculablemente la historia de España y de América. Tales aciertos y el desarrollo de una vida consagrada a la historia le hicieron merecedor en 1990 del Premio Canarias de Acervo Socio-Histórico. Sus vivencias desde niño en su pueblo natal le llevó a escribir un libro (Adviento de adolescencia) de gran éxito, una declaración de amor que explica los sentidos de la profunda identificación del historiador con su villa y sus gentes. El ayuntamiento erigió en el mes de febrero de 1999 un monumento de homenaje a su hijo predilecto en la plaza de la iglesia, espacio mágico de sus juegos infantiles.

Antonio Medina Calderín (1924). Hermano de leche del historiador Francisco Morales Padrón, pues su madre le amamantó, Ñito Calderin, como popularmente se le conoce, fue durante casi cuarenta años director de la Banda Municipal de Santa Brígida, con la que obtuvo el primer premio de localidades en 1951, el mismo año en que ascendió la UD. Las Palmas a primera división. Su amor por la música le llevó a fundar diversos grupos, como la rondalla Alegría, y agrupaciones folclóricas en el municipio. Numerosas generaciones de satauteños conocieron lo mejor del arte de las enseñanzas de este maestro. Su última obra musical fue la realización, en el año 2000, del himno del centenario del Real Casino. El Ayuntamiento le concedió el título de hijo predilecto en una sesión plenaria, de carácter extraordinaria, celebrada el 12 de abril de 1999, a propuesta del Real Casino de Santa Brígida, con motivo del centenario de su fundación.

Gonzalo Medina Ramos (1930). Nacido en Santa Brígida, el empresario Gonzalo Medina, director de la empresa Embotelladora de Canarias, ha favorecido desde su posición social los intereses generales de su municipio y sus gentes, participando económicamente y de manera altruista en numerosas y distintas instituciones, asociaciones y colectivos de su villa natal. A comienzos de los años setenta tuvo la feliz ocurrencia de inventar las famosas verbenas del lechón con el fin de recaudar dinero para ayudar y defender al equipo local de fútbol de Santa Brígida y que atraería a una ingente juventud de todos los lugares de la isla. Un fenómeno que duró hasta septiembre de 1982, contándose con estelares figuras como artistas invitados, que dieron mucha popularidad a este pueblo. También fue cofundador de Florabrígida. Su afición por el deporte rey le llevó a ostentar la presidencia de la UD. Las Palmas entre los años de 1989-1992. El Ayuntamiento le otorgó el título de hijo predilecto en un pleno extraordinario celebrado el 24 de julio de 1996.



Paseo por el casco histórico

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La figura señera de la torre de la iglesia sobresale, resplandece su oscura y cuadrada silueta sobre el casco antiguo donde se agrupa una treintena de viviendas antiguas, de dos alturas la mayoría, con cubiertas de tejas, carpintería, pequeños balcones de madera, de hierro fundido y cantería que hoy quiere recuperarse tras una etapa de decadencia, favorecida por las alteraciones sufridas en los inmuebles de más edad, la llegada de la era del automóvil y la ausencia de una memoria colectiva.

De momento, un estudio para la protección de la edificación del casco histórico de Santa Brígida (Pepri), realizado en 1998, pretende garantizar su mantenimiento en el tiempo al controlar toda actuación urbanística que se desarrolle en este recinto que atesora el escaso patrimonio que la historia nos ha legado.

El casco antiguo añora hoy, no obstante, la quietud y el sosiego que tuvo años atrás, usurpado por los automóviles que cada día lo cruzan, camino de otras vías. La peatonización de sus calles puede ser la solución más certera para recuperar ese sello de pueblo cultural, abierto, acogedor, turístico y tranquilo. Y es que, el centro neurálgico del pueblo ha crecido desde mediados del siglo XX de un modo desmesurado, hasta el punto de que al casco histórico antecede ahora una auténtica ciudad moderna, con edificios de cuatro plantas, que poco tiene que ver con la antigua tipología de aquel pueblo campesino que creció junto a la iglesia.


Ayto. de la Villa de Santa Brígida
C/ Nueva , 13
Tlf.: 928.64.81.81 / 928.64.00.72

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